LA MORALIZACIÓN DE LA IDEOLOGÍA Y EL PROBLEMA DE LA RADICALIZACIÓN
Es costumbre vincular cada partido político con una tendencia de
derechas o de izquierda. Para entender estas referencias posicionales, que ya
no se respetan en los parlamentos actuales, debemos irnos a la Asamblea
Constituyente de 1789, en el inicio de la Revolución Francesa, cuando en pleno
debate sobre la primera Constitución que debía regir a partir de entonces la
suerte de Francia, los parlamentarios se dividieron en referencia al poder del
rey.
Así, los que defendían todavía el poder de veto del monarca sobre las decisiones de la Asamblea, se situaron a la derecha, con una postura más moderada, que los de aquellos que situaron al Parlamento por encima del veto real, colocados en frente, justo en el lado izquierdo. Hecho que denominó el conde de Mirabeau como “ la geografía de la Asamblea”. Y así se inició una tradición que fue vinculando históricamente a los partidos de derechas con posturas más continuistas y conservadoras, apoyadas por las clases más favorecidas de las sociedad, y a los partidos de izquierdas, con posturas más de ruptura y progreso, con el apoyo de las clases más necesitadas de cambio.
Así, los que defendían todavía el poder de veto del monarca sobre las decisiones de la Asamblea, se situaron a la derecha, con una postura más moderada, que los de aquellos que situaron al Parlamento por encima del veto real, colocados en frente, justo en el lado izquierdo. Hecho que denominó el conde de Mirabeau como “ la geografía de la Asamblea”. Y así se inició una tradición que fue vinculando históricamente a los partidos de derechas con posturas más continuistas y conservadoras, apoyadas por las clases más favorecidas de las sociedad, y a los partidos de izquierdas, con posturas más de ruptura y progreso, con el apoyo de las clases más necesitadas de cambio.
Con el triunfo y
expansión del capitalismo, la relación de ambas tendencias se transforma,
adoptando la derechas una ideología más liberal y las izquierdas más
socialdemócrata, a la vez, que el comunismo va perdiendo fuerza tras el fracaso
de sus proyectos fallidos y la implantación final de regímenes dictatoriales.
Sin embargo,
existen ciertos momentos en la Historia en donde las circunstancias generales,
sociales, políticas y económicas, se han tensado tanto, que la radicalización
ideológica ha dado pie a la entrada en ésta de
categorías morales con planteamientos populista altamente peligrosos.
Pero parémonos
antes para recordar que en la Edad Media, se extendió
el famoso mito de los jinetes de la apocalipsis en los que se destacaban la Muerte, el Hambre y la Guerra, que representaban las tres principales causas que azotaron todos este período histórico, impidiendo cualquier crecimiento efectivo de la población. Mito que cobrará sentido conforme vayamos alargando el discurso de este escrito.
el famoso mito de los jinetes de la apocalipsis en los que se destacaban la Muerte, el Hambre y la Guerra, que representaban las tres principales causas que azotaron todos este período histórico, impidiendo cualquier crecimiento efectivo de la población. Mito que cobrará sentido conforme vayamos alargando el discurso de este escrito.
Pues bien,
idéntico proceso se acometió en Europa a partir de los años 30 del siglo
pasado. Tras la crisis económica que llega al viejo continente a principios de
esta década y la incompetencia de los partidos políticos, muchos de ellos
corruptos, para atajarla con éxito, la sociedad, que padece el hambre, se radicaliza
cayendo en los falsos mesías que se anuncian como los salvadores de la patria y
dan a la masa un enemigo sobre el que cargar las culpas.
En Alemania, en
pleno colapso de la República de Weimar, azotada por los peligros
revolucionarios de la izquierda más radical, emerge como reacción la figura del
Nacionalsocialismo, con Adolf Hitler a la cabeza, que llega a la cancillería en
1933 por victoria en las urnas con el apoyo de gran parte de la sociedad.
Antes, en Italia, frente a las manifestaciones sindicales de los jornaleros del
campo aparecen grupos de matones conocidos como Camisas Negras que, pagados por
los terratenientes, se dedican a boicotear todo acto revolucionario. Grupos que
se aunan bajo la figura de un antiguo líder socialista, ahora fundador del
fascismo, Benito Mussolini, que es nombrado primer ministro por el rey en 1922,
tras el golpe de Estado conocido como la Marcha a Roma. En ambos casos, el
nivel de tensión aumentará sucediendo al hambre la persecución, encarcelamiento
e incluso asesinato de todos aquellos considerados enemigos de la ideología
imperante.
El resultado, la
Segunda Guerra Mundial y el Holocausto judío, es decir, hambre, guerra y
muerte.
Casi dos décadas
antes, tras la revolución soviética de 1917 en Rusia, Lenin rompe con el
proceso electoral para la nueva Duma que debería regir el futuro de la nueva
República Rusa e instaura una dictadura a través del Consejo de Comisarios del
Pueblo, dirigido por él mismo. La causa fue que no consiguieron ganar las
votaciones, algo que no podía ser permitido por los “garantes de la verdad”,
declarándolas nulas. Lo que continúo fue hambre, guerra y muerte.
Pero un ejemplo
más claro para lo que quiero plantear en esta ocasión lo tenemos en nuestra
propia historia. En 1932, un país atrasado y exhausto dejó paso al primer
intento ilusionante de instaurar en España un sistema democrático al estilo
europeo, me refiero como ya podéis imaginar, a la Segunda República. Sin
embargo, pronto el sistema se dará de frente con la realidad de aquella España
mayoritariamente pobre y analfabeta, donde los partidos demócratas representados
especialmente por Acción Republicana de Manuel Azaña, que llegó a gobernar con
tan solo 26 escaños, y el Partido Radical, de Alejandro Lerroux, que lo hizo
con 102 sobre 470, eran claras minorías ante los extremistas de un lado y otro
que los sustentaron en el gobierno, aunque nunca o durante muy poco creyeran en
la validez del sistema. Así, tanto unos
como otros no dudarán en levantarse contra el resultado de las urnas cuando éstas
no den los resultados esperados, mientras en las calles los enfrentamientos
entre ambas facciones irá en aumento con quema de iglesias y asesinatos por uno
y otro bando. Situación que quizás llega a su máxima expresión en los
enfrentamientos cargados de amenazas y violencia entre los mismos
parlamentarios, que acaba con el asesinato de Calvo Sotelo, señalado unos días
antes por su provocativo discurso en las Cortes por algunos conocidos diputados
de izquierda. El resultado, nuestros padres y abuelos especialmente los
conocen, guerra civil, muerte, hambre y 36 años de pérdida de libertad bajo la
brutal dictadura franquista, que no dudó en aniquilar a sus enemigos sin piedad
alguna.
Pero, ¿qué
tuvieron en común todos estos tristes acontecimientos?. El nexo fue que las
ideologías se descargaron de su ideario político, económico y social, para
llenarse de verdades morales y moralizantes. Así, cada lado se defendió como
los grandes garantes de la VERDAD, y a su vez, aportaron a la masa hambrienta e
indignada un enemigo a quien odiar, el contrario, y así vincularse a su ideario,
con lo que se justificaba todo.
En España, la
negligencia de los partidos democráticos nacidos tras la transición, marcados
por la corrupción y la incoherencia programática, ha provocado la aparición de
otras alternativas “salvadoras de la patria” tras la crisis económica del 2008.
Así nace Ciudadanos, como partido de centro que luego se inclina hacia la
derecha, pero especialmente así nace Podemos, como un nuevo aglutinador de
todas las tendencias de más extrema izquierda que, con sus propuestas radicales
dan lugar como reacción a la aparición de su alter ego en la derecha, Vox. En
ambos caso, la ideología da paso a mensajes moralizantes cargados de
radicalismo. La izquierda se convierte en la garante de la justicia social, el
feminismo reaccionario y la libertad de los pueblos que forman España, es decir
lo buenos buenísimos frente a los malos malísimos homófogos y fascistas, que
quieren acabar con el pueblo, siempre en favor de los ricos. Mientras que por
la derecha, se vende la idea de la defensa de la nación, es decir, el
patriotismo, y el sentido común económico frente a los que quieren acabar con España
y convertirla en una “dictadura bolivariana”. Es decir, nuevamente los buenos
buenísimos frente a los malos malísimos, contra los que cargar con cada vez con
menos límites del decoro y espíritu democrático, en la cámara de máxima
representación de todos los ciudadanos.
Y en medio, un
discurso cargado de odio, que se traslada a la sociedad, dominada como siempre
por una masa poco autocrítica y reflexiva que no duda de afiliarse a uno u otro
bando, autoalimentándose de bulos, fakes y medios de comunicación afines a su
ideología. Partidos que no dudan en alentar a las masas a salir a las calles o
asediar al adversario, aunque luego hipócritamente, lo critiquen cuando les
toque a ellos. Porque cuando uno se convierte en el bueno, siempre va a ver
otro que asume la función del malo, y así aparece el enemigo sobre el que
descargar las penurias que está ocasionando y va a traer esta epidemia.
En conclusión,
nuestro sistema democrático, donde la política debería resolverse en la urnas y
bajo programas reales, que luego se obligase a llevar a la práctica, y el
debate político debería centrarse en las discrepancias ideológicas sobre
posibles soluciones a los problemas del país, y no sobre quien tiene la razón o
miente más, se desmorona y deja paso a lo que estamos viviendo en la
actualidad.
El resultado, sin
jugar a ser futurista, en la historia siempre fue el mismo: hambre, guerra y
muerte. Esperemos que sepamos parar antes de que esto ocurra de nuevo.



Amén. Parece que por mucho que conozcamos la historia, estamos condenados a repetirla. Por el bien de tod@s, esperemos que no.
ResponderEliminarEsperemos que no
Eliminar